“No creo en la ciencia neutra, sino en contaminar a la ciencia con los valores e intereses de la economía solidaria de esa otra sociedad que queremos”

El Dr. Renato Dagnino habla de corazones “grises” y “rojos”. Utiliza una metáfora para describir las perspectivas científicas sobre “ciencia, tecnología y sociedad”, a las que asocia con formaciones propias de América Latina marcadas fuertemente por una dependencia de los Estado Unidos, y que desarrollará en una exposición claramente reivindicativa de la necesidad de cuestionar la supuesta neutralidad de la ciencia y avanzar en la búsqueda de nuevas definiciones para el problema de la ciencia y su relación con la sociedad. Se trata de la introducción de la conferencia sobre “Innovación tecnológica e inclusión social” organizada por el Instituto de Estudios y Capacitación (IEC) de CONADU, el CEUR-CONICET y la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), en el marco de las actividades que el IEC desarrolla para profundizar los debates en torno a la producción científica en el seno de las universidades.

Dagnino se refiere al contexto de América Latina y destaca el papel de los movimientos sociales en la construcción de un escenario en el que la “economía solidaria” comienza a jugar un rol determinante en la construcción de una nueva matriz política y cultural. En tal sentido señala como una contradicción el referirse al concepto de “innovación”. Para Dagnino ello es hablar de “innovación de la empresa, para la empresa y no de inclusión”. Prefiere hablar de “tecnociencia” o “tecnología social” que “es una palabra que intenta resumir un planteo distinto del tema”.

Es necesaria la búsqueda de un nuevo marco analítico-conceptual para hacer política en ciencia y tecnología. Una tarea que quedó relegada durante los años del período neoliberal en América Latina, puesto que eso estaba mal visto y se relegó. ¡Como si el estado no debiera hacer política científica-tecnológica y el mercado lo resolviera todo!”, señala Dagnino.

Ese marco, explica, debe estar alineado al “proyecto político de la democratización” y manifiesta su preocupación porque a pesar de que el rumbo político en América Latina ha provocado un viraje significativo, los gobiernos populares que intentan avanzar en un proyecto de sociedad más equitativa “no han logrado cambiar la matriz sobre el problema de la ciencia y tecnología”. Para Dagnino continúa teniendo los rasgos del “neoliberalismo, como en el caso de Brasil”, el que, entiende, produjo cambios importantes en la sociedad pero sigue con “la misma perspectiva” en su política científico-tecnológica.

Es indispensable para la creación de una nueva plataforma cognitiva que permita el desarrollo de la economía solidaria abordar el problema de la neutralidad y el determinismo de la ciencia. Es fundamental para el futuro de una América Latina como la que pensamos, la posibilidad de producir un conocimiento que nos permita la creación de esa otra sociedad. Para ello es necesario derrumbar el mito de la neutralidad de la ciencia”, sentencia.

Dagnino señala: “Somos profesores universitarios y ciudadanos. Como ciudadanos, de corazón rojo, queremos colocarnos al servicio de la transformación social y como profesores queremos lo mismo en la zona del conocimiento a través de la universidad. Tenemos entonces esa doble función, en el sentido de construir una sociedad mejor. La tecnología no es neutral, es condicionada por intereses y valores hegemónicos, que son parte del contexto económico y político en el que son producidas. Por lo tanto, está contaminada por un capitalismo cada vez más salvaje”.

Sin embargo, concluye, el problema de la tecno-ciencia puede ser controlado en la medida en que la comunidad científica entienda que puede ser “controlada y rediseñada a través de la politización” de las instituciones en las que el conocimiento científico es producido. “Como yo no creo en la ciencia neutra, hay que contaminar a la ciencia. La cuestión es con qué: con otros valores e intereses de la economía solidaria de esa otra sociedad que queremos”.