15 años de matrimonio igualitario

La aprobación del matrimonio igualitario en Argentina, en julio de 2010, fue un momento liminar: no sólo porque incorporó a las personas LGBTI+ a una institución tradicional y restringida, sino porque marcó el ingreso de nuevas subjetividades al lenguaje jurídico.

El Estado nombró un derecho de esas disidencias.

El movimiento LGBTI+ apostó a cristalizar un nuevo paradigma que ponía en juego el derecho a casarse, pero también a la posibilidad de seguir trabajando en los nuevos que surgirían: autonomía corporal, la autoidentificación, la voluntad procreacional, la despatologización de las identidades.

Y, también, el acceso concreto a derechos materiales. Acceso a una obra social, la posibilidad de tramitar un crédito en conjunto, de proteger a sus hijxs, de no quedar en desamparo ante la muerte de la persona con quien compartieron la vida.

Norma Castillo y Ramona Cachita Arévalo se convirtieron, el 9 de abril de 2010, en el primer matrimonio igualitario legal de la Argentina, América Latina y el Caribe.

La ley de matrimonio igualitario debe leerse como parte de un proceso más amplio en el que la persona LGBTI+ dejó de ocupar una posición marginal dentro del campo de los derechos humanos para convertirse en nueva protagonista que tensiona, redefine y amplía los fundamentos de la democracia.

El impacto fue profundo y no se limitó a la población beneficiaria directa. Modificó el modo en que se conciben las relaciones familiares, las filiaciones, la transmisión del apellido, la organización de los cuidados, etc.

Hoy, el fenómeno global fascistoide busca borrar parte de la Historia de la Cultura. La virulencia de los discursos antiderechos responde a la ampliación de garantías legales, pero sobre todo a su poder para tocar fibras estructurales. Lo que hoy se disputa es la legitimidad de los sentidos que esas leyes lograron instalar.

A quince años del matrimonio igualitario, urge defender lo conseguido para que, efectivamente, reine en el pueblo el amor y la igualdad.