SIGEVA. La cristalización de un modelo científico que debemos superar

El malestar en la cultura académica

La medición y la producción permanente de información sobre los procesos de trabajo impregnan el sistema académico: concursos, control de gestión, planificaciones, evaluaciones. En este contexto, uno de los gestos más repetidos es el de buscar formas “objetivas” y pre-establecidas de evaluar, en lo posible de fácil cuantificación. Cada una de estas instancias de control requieren de una “grilla” que permita justificar el proceso de toma de decisión: ineludible juicio binario u ordinal, cesión a la mitología del número como último árbitro inapelable, reducción de la heterogeneidad de los saberes, los discursos e incluso a veces del pensar, a lo elemental de un orden total y aditivo prefigurado en otra parte, por otros sujetos.

¿Cómo llega el Sigeva a la UNC?

En la búsqueda de esas formas de gestión y evaluación, la UNC firmó un convenio con el CONICET en junio de 2010 para la cesión del Sistema Integral de Gestión y Evaluación (SIGEVA), desarrollado por este organismo. En esa oportunidad, el Rectorado anunció que si bien el sistema había sido creado para la gestión de actividades de ciencia y técnica -lo cual justificaba su aplicación desde la Secyt de la Universidad-, “está en carpeta analizar la posibilidad de adaptar la herramienta para su aplicación al Sistema de evaluación del desempeño docente de la UNC” (portal de la UNC, 22/6/2010). Este proyecto, según comprobaron muchos docentes este año, se está haciendo realidad en más de una unidad académica.

En el tiempo que va de su implementación en la UNC el SIGEVA ya ha generado críticas y observaciones de docentes de diferentes unidades académicas. En poco tiempo, desterró la ilusión de contar con una respuesta a la genuina demanda por simplificar las -repetitivas e interminables- operatorias de evaluación y control de nuestras actividades. Y sumó nuevos problemas.

No se trata aquí, sin embargo, de rechazar de plano cualquier modalidad de evaluación de nuestro trabajo, sino de la posibilidad y el derecho de ser parte en la definición de los criterios -dinámicos, conflictivos- en función de los cuales se valorizará la tarea realizada y se proyectarán las acciones futuras.

Un recorrido por el Sigeva y la Universidad realmente existente

El Sigeva prioriza la tarea de investigación bajo la forma de producción científica y tecnológica. Y con esta operación, excluye de la grilla otros tipos de producción que la Universidad desarrolla: a pocos meses de creada la Facultad de Artes, la producción cultural y/o artística resulta invisibilizada por los mecanismos de evaluación de la propia institución.

En un sentido similar, el ejercicio y actualización profesional – asistencial, dimensión central a considerar en aquellos docentes que se desempeñan en su actividad profesional enriqueciendo las tareas de docencia, investigación y extensión, desaparece en el formulario de evaluación de Sigeva.

Entre la consideración de los antecedentes, la participación en proyectos de CyT se restringe a aquellos que han obtenido financiamiento (el item se titula “financiamiento de CyT”). De esta manera, aunque la Universidad promueve la constitución de equipos de investigación como espacios formativos para docentes y estudiantes, los ignora como tales si no han gestionado o recibido subsidios económicos.

El nivel de detalle exigido para dar cuenta de la producción científico-tecnológica decae cuando ingresamos a los antecedentes docentes. El cargo, la dedicación y la institución agotan la descripción de la principal tarea: la de ser docente, dejando un vacío de información acerca de la cantidad de alumnos que formamos, las horas efectivas de trabajo en las distintas tareas, los métodos de enseñanza, los programas desarrollados, los niveles de responsabilidad asumidos, la producción de materiales para la enseñanza, la formación de nuevos docentes en instancias de adscripción, etc. En una Universidad que aun se sostiene en gran medida gracias al trabajo de docentes con baja dedicación e insuficiente salario, es urgente debatir y definir cuál es la relación entre la tarea docente y el resto de las dimensiones evaluadas, para evitar un traslado automático de las inequidades del sistema de CyT hacia el interior de nuestra propia institución.

Sigeva, una herramienta diseñada para evaluar el desempeño de los investigadores de Conicet, consagra en su formulación un determinado perfil del trabajador docente: el del investigador con una fuerte dedicación a la producción científica y tecnológica. La responsabilidad social y política de la Universidad, expresada en gran medida en sus acciones de extensión universitaria, es despojada de valor en la grilla de evaluación. Aquí Sigeva no inaugura nada, pero su organización cristaliza un sistema en el que enseñar se ha convertido en un “derecho de piso” que hay que pagar para ascender en la escala.

Si este orden de jerarquías es cuestionable en el propio CONICET, resulta inadmisible en la Universidad pues lo que está en juego es nada más y nada menos que su principal función como institución pública: la de formar sujetos capaces de intervenir en su medio social con responsabilidad y espíritu crítico.

El ítem “formación de recursos humanos” condensa una serie de problemas, pero fundamentalmente cabe aquí la pregunta acerca de qué hacemos los docentes sino formar: formación de grado y de posgrado, tutorías y coordinación de pasantes, ayudantes alumnos, dirección de tesistas o becarios. El formulario parece valorar únicamente la formación en el caso de becarios o tesistas, lo cual supone un punto de partida desigual para aquellos docentes en cuyas carreras no se prevé la realización de trabajos finales, o cuyo perfil suponga una priorización de la tarea profesional.

Del mismo modo, la tarea de extensión -que en los últimos años ha sido jerarquizada en nuestra Universidad gracias a la iniciativa de estudiantes y docentes comprometidos con el rol público de nuestra institución- es rebajada en el formulario de Sigeva a la confusa y discutible categoría de “divulgación”. Se invisibilizan así aquellas acciones en las que los docentes e investigadores intervienen en el debate público: notas en medios de comunicación, conferencias públicas, talleres y otras prácticas orientadas a participar como intelectuales en diferentes espacios, y a través de las cuales la Universidad asume el abordaje de las distintas problemáticas que atraviesan nuestras sociedades.

Por otra parte, quienes realizan desde hace años proyectos de intervención social en los que la Universidad pone en juego sus desarrollos, alimentando los procesos de formación e investigación con las necesidades y saberes sociales -y muchas veces con financiamiento de la propia institución-, deben ubicarse en dos opciones excluyentes de cualquier otra experiencia: extensión rural o industrial.

Entre los antecedentes se desglosa un ítem para los llamados “cargos I+D”, lo cual hace suponer que habría una valoración especial de este tipo de cargos, generalmente vinculados al sistema de CyT y los organismos correspondientes (Conicet, ANPCyT, etc.). Esto plantea la pregunta acerca del interés de la Universidad por establecer algún tipo de jerarquías o distinciones entre los cargos designados por la propia institución y los nombramientos producidos en los organismos científicos. En la misma línea, debería revisarse el valor otorgado a los antecedentes en ciencia y técnica por sobre otro tipo de antecedentes, en función de la diversidad de perfiles y trayectorias académicas que alberga nuestra Universidad.

La cantidad, la calidad y el lugar de la evaluación

Para cada docente particular, SIGEVA se suma a un largo listado de instrumentos de recolección de información requeridas por las diversas instancias del sistema educativo/científico (WINSIP, Ficha CONEAU, Registro de Operadores MINCyT, etc.).

Los criterios de carga de información y la actualización de la misma, se constituyen progresivamente en condiciones de acceso y permanencia en el sistema, sin que ello implique una evaluación de las competencias profesionales, de los desempeños efectivos o de la calidad de las prácticas. Una evaluación hipertrofiada, que consume buena parte del tiempo de trabajo de los docentes y no se corresponde con las capacidades institucionales de procesamiento de la información producida

El Sigeva aparece como instrumento que contribuye al proceso de desjerarquización de la labor universitaria, expresada en una flexibilización laboral progresiva visible en distintas prácticas institucionalizadas: la valoración diferencial de alguna/s actividad/es en desmedro de las otras; la sobre exigencia que se evidencia en requerimientos de multifuncionalidad; las políticas de distribución de carga horaria en las distintas actividades o de actividades en las distintas jerarquías, y en particular, las políticas que limitan la autonomía profesional en la planificación, ejecución y evaluación del propio trabajo.

Una propuesta para empezar a cambiar

El Sigeva nos moviliza como trabajadores y nos alerta acerca de un rumbo posible de la política científica. Pero no se trata sólo de Sigeva, y el debate supera con creces a la propia Universidad. El problema viene siendo planteado, aun de modo incipiente, en el marco del conflicto desatado el año pasado en relación a las becas e ingresos a carrera de investigador de Conicet.

El debate acerca de qué ciencia y tecnología necesitamos en nuestro país es urgente, y debe enmarcar la construcción colectiva de herramientas de evaluación de nuestra calidad como docentes e investigadores. Mientras tanto, reclamamos al Rectorado de la Universidad Nacional de Córdoba que ponga un freno a la utilización del Sigeva en procesos para los que no fue creado, y se comprometa a realizar, en conjunto con el gremio, un análisis de la implementación del Sigeva y una formulación participativa de nuevos criterios e instrumentos para la evaluación de la tarea de los docentes e investigadores de la UNC (docencia, investigación y extensión) para el 2013.

Como gremio de los docentes e investigadores, nos comprometemos a trabajar durante este año en la producción de instancias de discusión y elaboración colectiva de nuevos criterios, modalidades y herramientas capaces de dar cuenta productivamente de las actividades que realizamos. El horizonte será siempre la construcción de una Universidad articulada con los problemas sociales y productora de alternativas de desarrollo con igualdad y justicia para nuestro país.

 

Fuente: Asociación de Docentes e Investigadores Universitarios de Córdoba.